lunes 28 de noviembre de 2011

Neverland

Cuando la tienda donde ibas a hacer los recados cuando eras un crío está a punto de cerrar te das cuenta, irremediablemente, de que tu mundo ha cambiado. Ha cambiado a pesar de que te parezca que todo sigue igual, que tus lugares comunes comienzan a ser tus recuerdos del pasado y que el tiempo ha pasado sin que hayas parado un momento a capturar un trocito de la esencia que lo hizo tuyo. Y al final llegas a la conclusión de que te haces mayor, más de lo que tu crees. 


Aunque te decidas a habitar un nuncajamás un tanto "sui generis", aunque busques campanillas entre los saldos del mercado, debes concluir que, aunque te pese, nunca más podrás ir a buscar la compra a la tiendecita de debajo de tu casa. Nunca más mirarás el cambio con la intriga de saber cuanto te pertenece a modo de botín por ese viaje corsario de ida y vuelta. Nunca más podrás robar una golosina al estilo ninja y salir mirando para todas partes como si te hubieras llevado el tesoro de la corona. 


A veces te sorprendes compartiendo unos auriculares por la calle, en modo teeny, o tarareando una canción que en otras ocasiones hubieras despreciado y de pronto, sin saber porque, te sientes feliz. Contento de sentir la frescura en tu cara y una brizna de desvergüenza en el corazón. Momentos que te devuelven a la desfachatez propia de quien no tiene nada que perder, de quien arriesga su tiempo y su vida porque no la hipotecó en estupideces, con la insolencia de quien se come a quien le asalte, aunque quien le asalte sea la vida.

1 comentarios:

Alyebard dijo...

Quant comencis entrades amb in illo tempore llavors sí que t'has fet gran. Però tens raó. Quan ens canvien el paisatge de la nostra memòria.