Día gris de verano, bajas del tren con un antojo como si estuvieras embarazo de trillizos. Son las 20.45 y el super a punto de cerrar… Vas caminando en su búsqueda imaginándote en el sofá de tu casa, devorando una bolsa de ositos de de gominola, sintiéndote mal, gordo, pero infinitamente feliz en tu gula…. Llegas, coges la cesta con ruedas (un de los grandes avances de los supermercados en los últimos tiempos), y te diriges con desespero hacia el pasillo donde te espera tu ansiado tesoro. Avanzas desechando las tentaciones que se abren a tu paso, y apareces ante él: un artefacto giratorio en el que están puestas todas tus esperanzas del día. Te abalanzas sobre él y comienzas a hacerlo girar. Gira, y gira y gira… No te lo puedes creer!!! Un sudor frío aparece por tu frente, una sensación de desesperación te invade de golpe y al final te resignas con infinita tristeza.. NO HAY OSITOS!!!!!!!!!Sales del supermercado abatido y derrotado, embarazado de trillizos, naufragando por el gris oscuro de la tarde, y con las esperanzas rotas. El día que no hay ositos en el super el mundo comienza su declive. No hay más, es así. Las siete plagas de Egipto se ciernen sobre la humanidad. Ese día el Apocalipsis se avecina en forma de señora con un carro de la compra lleno de botellas de agua… Porque lo ositos de ese día son las esperanzas del mañana, si, si, no me miréis raro. Cuando llevas tiempo con una ilusión, decides ir a por ella y cuando llegas…. No está! Ese día algo se ha roto en tu microcosmos, ya no podrás mirarte igual, porque fuiste cuando ya no estaba, porque tanto darle vueltas te acaba pasando factura.
Así que ya sabéis, no dudéis ni un momento en ir a por todos los ositos de gominola del mundo antes de que el artefacto giratorio os de la mala noticia de que se han acabado!
1 comentarios:
Haribooooooooo!
Publicar un comentario en la entrada