miércoles 27 de julio de 2011

Sobre los espacios vacíos

A veces sucede que te encuentras en algún lugar, y el espacio te envuelve. No os imaginéis delante de la capilla sixtina, babeando ante una obra de arte, o dentro de la Alhambra mirando al Generalife completamente embelesado pensando en la mística cósmica de su atmósfera. Ni tan siquiera os hablo de algo idílico, todo lo contrario. Me refiero a los espacios cotidianos que parecen agujeros negros. Espacios en los cuales se produce una extraña espiral por la cual se te van las alegrías que ese día has ido guardando en los bolsillos. Espacios que te producen desazón, no por nada en especial, pero es entrar en ellos y parece como si de golpe algo nos engullera y apareciéramos en un sitio gris y monótono, en una realidad difuminada en la que todo parece inmóvil y repetitivo.
Lo más jodido de estos espacios, es cuando son tu realidad diaria. Es más jodido porque te pasas el día luchando para salir de ellos y cuando sales, sabes que estás abocado a caer en otro horas mas tarde. Resultado final: agotamiento absoluto. Y eso es lo peor de todo, estar agotado aún estando en el mundo "normal". Estar agotado y no poder llenarte de buenos momentos, estar harto y olvidarte de recoger alegrías. Es, en definitiva, perder ganas de vivir.
¿Cómo salir de un agujero negro? pues eso nos gustaría saber a todos. Pero al final, lo único que nos va a servir es echarle un par y esquivar esos mundos paralelos que te hacen perder la vida. Y si, echarle un par es esquivarlos, porque no seamos ilusos, ¿quienes somos nosotros para cambiar esos agujeros diarios? La respuesta es sencilla, nadie.  Echarle valor al asunto es casi tan complicado como darse cuenta de que estás dentro de algo que no te gusta. Echarle valor significa romper, correr, buscar... Echarle valor puede significar conseguir estar bien, y eso, aunque nos parezca de gilipollas, es lo que nos produce el mayor de nuestros miedos.

1 comentarios:

Andrea Felsenthal dijo...

Pues te digo, esos espacios tienen una lógica, oculta pero no indescifrable. su nombre se compone con las mismas letras de tu nombre pero en clave anagramática y en un idioma que desconoces. Lo que hay que hacer es traspasarlos, reírte de ellos, burlarte delante de su propio vacío porque si te lo piensas, estás tú allí adentro y ya no son vacío con lo cual, dejan de ser lo que son, se convierten en ti mismo y tú no eres un espacio vacío; eres tantas cosas, tantas emociones, tantas luces, tantas puertas. La próxima vez no guardes tus alegrías en el bolsillo para enterarte, al rato, de que los tenías agujereados.Deja volar tus alegrías, déjalas libres y vendrán a tí para rescatarte en el momento en que más las necesites. Así, descubrirás el nombre oculto de los espacios vacíos, dirás otra vez tu nombre, sin anagramas crípticos y saldrás tan rápidamente de los agujeros sin haber advertido que estabas allí.